sábado, 31 de marzo de 2007

Henri Cartier-Bresson

Estilo

Cuando Henri Cartier-Bresson cogió su Leica en 1932, era una nueva cámara, pequeña y ligera, equipada con rápidas lentes y un rollo largo con una película de 35mm.

Era un aspirante a pintor y un estudiante de literatura cuando vio por vez primera las fotografías de Martin Munkacsi de corredores y nadadores que aparecían en revistas publicadas en Alemania y Francia. A través del trabajo de Munkacsi, reconoció cómo las nuevas pequeñas cámaras hacían posible capturar movimiento espontáneo a la vez que creaban composiciones bonitas en una forma rectangular de un marco de una película de 35 mm. También estuvo influenciado por el movimiento contemporáneo conocido como surrealismo, que animaban a artistas y escritores a explorar el significado que se esconde por debajo de la superficie de la vida de cada día. En las manos de los surrealistas, la fotografía se convertía en una forma de revelar significado que de otro modo podría ser invisible o perdido.

La cámara él es una “extensión del ojo”. Es conocido por su habilidad de capturar en fotografía un simple gesto, un encuentro casual, por ejemplo y usando su cámara identifica lo que se ha llamado el “momento decisivo”. A pesar de la natural espontaneidad de sus sujetos, nunca abandonó su entrenamiento formal como artista. Cada imagen es una composición completa en un marco de película y no puede ser alterado sin destruir el conjunto. La imagen total puede ser tomada de diferentes formas, no obstante. No es inusual para una imagen aparecer en las páginas de una revista, en un libro, o alargada y enmarcada en la pared de un museo.

No está solo cuando dice que los retratos son “el único dominio en el cual la fotografía ha ganado fuera de la pintura”. Desde la invención de la fotografía en 1839, cada uno ha reconocido la habilidad de la cámara para prestar un retrato técnicamente preciso de un rostro. Pero en las manos de Cartier-Bresson un retrato fotográfico parece transparente, no como si el fotógrafo hubiera intervenido entre el sujeto y el espectador. Coco Chanel, Carson McCullers, George Davis y William Faulkner han sido fotografiados por Cartier-Bresson y parece que éste captura lo que parece ser la esencia del ser, la forma en que miran cuando son en gran parte ellos mismos. En 1947 Lincoln Kirstein comparó su método con “la intensidad preocupada de un pescador jugando a poner en tierra una pesca grande o un boxeador asestando un knockout”.

Cartier-Bresson escogió esas fotografías a partir de miles de negativos hechos durante seis décadas. Las primerísimas imágenes datan de sus viajes a Méjico en 1934, y el más reciente, un retrato de Lucien Freud (pintor británico), fue hecha en 1997. Cartier-Bresson como artista y periodista conoció y fotografió los artistas, escritores y políticos principales. Los retratos comprimen un único documento de nuestro tiempo, la forma en que miramos, la gente a la que admiramos y los secretos que intentamos guardar hasta que cuidadosamente adquieren una forma con la cámara y se convierten en arte.

Su trabajo era una poesía anti-romántica, en la que encuentra belleza en “las cosas como son” en la realidad aquí y ahora. Para él, “en fotografía, la cosa más pequeña puede ser un gran sujeto”.

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