lunes, 15 de diciembre de 2008

El príncipe feliz (Oscar Wilde)

En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.

Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.

Por todo lo cual era muy admirada.





1 comentario:

Bea dijo...

ÉSTE CUENTO ES PRECIOSO, ME ENCANTA

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