sábado, 30 de mayo de 2009

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YERMA

POEMA TRAGICO EN TRES ACTOS Y SEIS CUADROS
(1934)

PERSONAJES:
- YERMA HEMBRA
- MARÍA CUÑADA 1ª
- VIEJA PAGANA CUÑADA 2ª
- DOLORES MUJER 1ª
- LAVANDERA 1ª MUJER 2ª
- LAVANDERA 2ª NIÑO
- LAVANDERA 3ª JUAN
- LAVANDERA 4ª VÍCTOR
- LAVANDERA 5ª MACHO
- LAVANDERA 6ª HOMBRE 1º
- MUCHACHA 1ª HOMBRE 2°
- MUCHACHA 2ª HOMBRE 3°



ACTO PRIMERO

CUADRO PRIMERO
(Al levantarse el telón está YERMA dormida con un tabanque de costura a los pies. La escena tiene una extraña luz de sueño. Un pastor sale de puntillas mirando fijamente a YERMA. Lleva de la mano a un niño vestido de blanco. Suena el reloj. Cuando sale el pastor, la luz se cambia por una alegre luz de mañana de primavera. YERMA se despierta.)

CANTO

VOZ DENTRO.-
A la nana, nana, nana,
a la nanita le haremos
una chocita en el campo
y en ella nos meteremos.
YERMA.-Juan, ¿me oyes? Juan.
JUAN.-Voy.
YERMA.-Ya es la hora.
JUAN. ¿Pasaron las yuntas?
YERMA.-Ya pasaron.
JUAN.-Hasta luego. (Va a salir.)
YERMA.-¿No tomas un vaso de leche?
JUAN.- ¿Para qué?
YERMA.-Trabajas mucho y no tienes tú cuerpo para resistir los trabajos.
JUAN.-Cuando los hombres se quedan enjutos se ponen fuertes como el acero.
YERMA.-Pero tú no. Cuando nos casamos eras otro. Ahora tienes la cara blanca como si no te diera en ella el sol. A mí me gus taría que fueras al río y nadaras y que te subieras al tejado cuando la lluvia cala nuestra vivienda. Veinticuatro meses llevamos ca sados, y tú cada vez más triste, más enjuto, como si crecieras al revés.
JUAN.-¿Has acabado?
YERMA.-(Levantándose.) No lo tomes a mal. Si yo estuviera enferma me gustaría que tú me cuidases. “Mi mujer está enferma. Voy a matar ese cordero para hacerle un buen guiso de carne.” “Mi mujer está enferma. Voy a guardar esta enjundia de gallina para aliviar su pecho, voy a lle varle esta piel de oveja para guardar sus pies de la nieve.”Así soy yo. Por eso te cuido.
JUAN.-Y yo te lo agradezco.
YERMA.-Pero no te dejas cuidar.
JUAN.-Es que no tengo nada. Todas esas cosas son suposiciones tuyas. Trabajo mucho. Cada año seré más viejo.
YERMA.-Cada año... Tú y yo seguiremos aquí cada año...
JUAN.-(Sonriente.) Naturalmente. Y bien sosegados. Las cosas de la labor van bien, no tenemos hijos que gasten.
YERMA. - No tenemos hijos... ¡Juan!
JUAN.-Dime.
YERMA.-¿Es que yo no te quiero a ti?
JUAN.-Me quieres.
YERMA. - Yo conozco muchachas que han temblado y que lloraban antes de entrar en la cama con sus maridos. ¿Lloré yo la primera vez que me acosté contigo? ¿No cantaba al levantar los embozos de holanda? Y no te dije, ¡cómo huelen a manzanas estas ropas!
JUAN.-¡Eso dijiste!
YERMA.-Mi madre lloró porque no sentí separarme de ella. ¡Y era verdad! Nadie se casó con más alegría. Y, sin embargo. . .
JUAN.- Calla. Demasiado trabajo tengo yo con oír en todo momento...
YERMA.-No. No me repitas lo que dicen. Yo veo por mis ojos que eso no puede ser... A fuerza de caer la lluvia sobre las piedras éstas se ablandan y hacen crecer jaramagos, que las gentes dicen que no sirven para nada. "Los jaramagos no sirven para nada", pero yo bien los veo mover sus lores amarillas en el aire.
JUAN.-¡Hay que esperar!
YERMA.- Sí; queriendo. (YERMA abraza y besa al marido, tomando ella la iniciativa.) ,
JUAN.-Si necesitas algo me lo dices y lo traeré. Ya sabes que no me gusta que salgas.
YERMA.-Nunca salgo.
JUAN.-Estás mejor aquí.
YERMA.-Sí.
JUAN.-La calle es para la gente desocupada.
YERMA.-(Sombría) Claro.
(El marido sale y YERMA se dirige a la costura, se pasa la mano por el vientre, alza los brazos
en un hermoso bostezo y se sienta a coser.)
¿De dónde vienes, amor, mi niño?
De la cresta del duro frío.
¿Qué necesitas, amor, mi niño?
La tibia tela de tu vestido.
(Enhebra la aguja)
¡Que se agiten las ramas al sol
y salten las fuentes alrededor!
(Como si hablara con un niño.)
En el patio ladra el perro,
en los árboles canta el viento.
Los bueyes mugen al boyero
y la luna me riza los cabellos.
¿Qué pides, niño, desde tan lejos?
(Pausa. )
Los blancos montes que hay en tu pecho.
¡Que se agiten las ramas al sol y salten las fuentes alrededor!
(Cosiendo.)
Te diré, niño mío, que sí,
tronchada y rota soy para ti.
¡Cómo me duele esta cintura
donde tendrás primera cuna!
Cuándo, mi niño, vas a venir.
(Pausa.)
Cuando to carne huela a jazmín.
¡Que se agiten las ramas al sol
y salten las fuentes alrededor!
(YERMA queda cantando. Por la puerta entra MARÍA, que viene con un lío de ropa.)
YERMA.-¿De dónde vienes?
MARÍA.-De la tienda.
YERMA.-¿De la tienda tan temprano?
MARÍA.-Por mi gusto hubiera es perado en la puerta a que abrieran; y ¿a que no sabes lo que he comprado?
YERMA.- Habrás comprado café para el desayuno, azúcar, los panes.
MARÍA.-No. He comprado encajes, tres varas de hilo, cintas y lanas de color para hacer madroños. El dinero lo tenía mi marido y me lo ha dado él mismo.
YERMA.-Te vas a hacer una blusa.
MARÍA.-No, es porque... ¿sabes?
YERMA.--¿Qué?
MARÍA.-Porque ¡ya ha llegado!
(Queda con la cabeza baja. YERMA se levanta y queda mirándola con admiración.)
YERMA.-¡A los cinco meses!
MARÍA.-Sí.
YERMA.-¿Te has dado cuenta de ello?
MARÍA.-Naturalmente.
YERMA.-(Con curiosidad.) ¿Y qué sientes?
MARÍA.-No sé. Angustia.
YERMA. - Angustia. (Agarrada a ella.) Pero... ¿cuándo llegó?... Dime. Tú estabas descuidada.
MARÍA.-Sí, descuidada...
YERMA. - Estarías cantando, ¿ver dad? Yo canto. Tú... dime...
MARÍA.-No me preguntes. ¿No has tenido nunca un pájaro vivo apretado en la mano?
YERMA.-Sí.
MARÍA.-Pues, lo mismo..., pero por dentro de la sangre.
YERMA. - ¡Qué hermosura! (La mira extraviada.)
MARÍA. - Estoy aturdida. No sé nada.
YERMA.-¿De qué?
MARíA.-De lo que tengo que hacer. Le preguntaré a mi madre.
YERMA. ¿Para qué? Ya está vieja y habrá olvidado estas cosas. No andes mucho y cuando respires respira tan suave como si tuvieras una rosa entre los dientes.
MARÍA.-Oye, dicen qur más adelante te empuja suavemente con las piernecitas.
YERMA.-Y entonces es cuando se le quiere más, cuando se dice ya: ¡mi hijo!
MARÍA.-En medio de todo tengo vergüenza.
YERMA. ¿Qué ha dicho tu marido?
MARÍA.-Nada.
YERMA. ¿Te quiere mucho?
MARÍA.-No me lo dice, pero se pone junto a mí y sus ojos tiemblan como dos hojas verdes.
YERMA. ¿Sabía él que tú...?
MARÍA.-Sí.
YERMA. ¿Y por qué lo sabía?
MARÍA.-No sé. Pero la noche que nos casamos me lo decía constantemente con su boca puesta en mi mejilla, tanto que a mí me parece que mi niño es un palo mo de lumbre que él me deslizó por la oreja.
YERMA.-¡Dichosa!
MARÍA.-Pero tú estás más entera da de esto que yo.
YERMA. ¿De qué me sirve?
MARÍA.-¡Es verdad! ¿Por qué se rá eso? De todas las novias de tu tiempo tú eres la única.. .
YERMA.-Es así. Claro que todavía es tiempo. Elena tardó tres años y otras antiguas del tiempo de mi madre mucho más, pero dos años y veinte días, como yo, es demasiada espera. Pienso que no es justo que yo me consuma así. Muchas noches salgo descalza al patio para pisar la tierra, no sé por qué. Si sigo así, acabaré volviéndome mala.
MARÍA.-Pero ven acá, criatura; hablas como si fueras una vieja. ¡Qué digo! Nadie puede quejarse de estas cosas. Una hermana de mi madre lo tuvo a los catorce años, ¡y si vieras qué hermosura de niño!
YERMA.-(Con ansiedad.) ¿Qué ha cía?
MARÍA.-Lloraba como un torito, con la fuerza de mil cigarras cantando a la vez y nos orinaba y nos tiraba de las trenzas, y cuando tuvo cuatro meses nos llena ba la cara de arañazos.

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CIUDAD SIN SUEÑO
(NOCTURNO DEL BROOKLYN BRIDGE)


No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención deí puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

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VELETA


Julio de 1920. (Füente Vaqueros, Granada.)




Viento del Sur,
moreno, ardiente,
llegas sobre mi carne,
tiayéndome semilla
de brillantes
miradas, empapado
de azahares.
Pones roja la luna
y sollozantes los álamos cautivos, pero vienes
¡demasiado tarde!
¡ya he enrollado la noche de mi cuento
en el estante!
Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.
Aire del Norte,
¡oso blanco del viento!
llegas sobre mi carne
tembloroso de auroras
boreales,
con tu capa de espectros
capitanes,
y riyéndote a gritos
del Dante,
¡oh pulidor de estrellas!
pero vienes demasiado tarde.
Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.
Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.
Brisas, gnomos y vientos
de ninguna parte.
Mosquitos de la rosa
de pétalos pirámides.
Alisios destetados
entre los rudos árboles,
flautas en la tormenta,
¡dejadme!
tiene recias cadenas
mi recuerdo,
y está cautiva el ave
que dibuja con trinos
la tarde.
Las cosas que se van no vuelven nunca
todo el mundo lo sabe,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse. ,
¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?
¡es inútil quejarse!
Sin ningún viento,
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.


jueves, 28 de mayo de 2009

Descarga: "La zapatera prodigiosa" de Federico García Lorca

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Farsa violenta en dos actos




Personajes




  • ZAPATERA


  • VECINA ROJA


  • VECINA MORADA


  • VECINA NEGRA


  • VECINA VERDE


  • VECINA AMARILLA


  • BEATA PRIMERA


  • BEATA SEGUNDA


  • SACRISTANA


  • EL AUTOR


  • ZAPATERO


  • EL NIÑO


  • ALCALDE


  • DON MIRLO


  • MOZO DE LA FAJA


  • MOZO DEL SOMBRERO


  • HIJAS DE LA VECINA ROJA


  • VECINAS, BEATAS, CURAS Y PUEBLO




Prólogo



Cortina gris.



Aparece el Autor. Sale rápidamente. Lleva una carta en la mano.



EL AUTOR. Respetable público... (Pausa.) No, respetable público no, público solamente, y no es que el autor no considere al público respetable, todo lo contrario, sino que detrás de esta palabra hay como un delicado temblor de miedo y una especie de súplica para que el auditorio sea generoso con la mímica de los actores y el artificio del ingenio. El poeta no pide benevolencia, sino atención, una vez que ha saltado hace mucho tiempo la barra espinosa de miedo que los autores tienen a la sala. Por este miedo absurdo y por ser el teatro en muchas ocasiones una finanza, la poesía se retira de la escena en busca de otros ambientes donde la gente no se asuste de que un árbol, por ejemplo, se convierta en una bola de humo o de que tres peces, por amor de una mano y una palabra, se conviertan en tres millones de peces para calmar el hambre de una multitud. El autor ha preferido poner el ejemplo dramático en el vivo ritmo de una zapatería popular. En todos los sitios late y anima la criatura poética que el autor ha vestido de zapatera con aire de refrán o simple romancillo y no se extrañe el público si aparece violenta o toma actitudes agrias porque ella lucha siempre, lucha con la realidad que la cerca y lucha con la fantasía cuando ésta se hace realidad visible. (Se oyen voces de la Zapatera: «¡Quiero salir!».) ¡Ya voy! No tenga s tanta impaciencia en salir; no es un traje de larga cola y plumas inverosímiles el que sacas, sino un traje roto, ¿lo oyes?, un traje de zapatera. (Voz de la Zapatera dentro: «¡Quiero salir!».) ¡Silencio! (Se descorre la cortina y aparece el decorado con tenue luz.) También amanece así todos los días sobre las ciudades, y el público olvida su medio mundo de sueño para entrar en los mercados como tú en tu casa, en la escena, zapaterilla prodigiosa. (Va creciendo la luz.) A empezar, tú llegas de la calle. (Se oyen las voces que pelean. Al público.) Buenas noches. (Se quita el sombrero de copa y éste se ilumina por dentro con una luz verde, el Autor lo inclina y sale de él un chorro de agua. El Autor mira un poco cohibido al público y se retira de espaldas leno de ironía.) Ustedes perdonen. (Sale.)

Acto primero


Casa del Zapatero. Banquillo y herramientas. Habitación completamente blanca. Gran ventana y puerta. El foro es una calle también blanca con algunas puertecitas y ventanas en gris. A derecha a izquierda, puertas. Toda la escena tendrá un aire de optimismo y alegría exaltada en los más pequeños detalles. Una suave luz naranja de media tarde invade la escena.
Al levantarse el telón la Zapatera viene de la calle toda furiosa y se detiene en la puerta. Viste un traje verde rabioso y lleva el pelo tirante, adornado con dos grandes rosas. Tiene un aire agreste y dulce al mismo tiempo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Descarga: "Bodas de sangre" de Federico García Lorca

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TRAGEDIA EN TRES ACTOS Y SIETE CUADROS

PERSONAJES
LA MADRE..
LA NOVIA.
LA SUEGRA.
LA MUJER DE LEONARDO.
LA CRIADA.
LA VECINA.
MUCHACHAS.
LEONARDO.
EL NOVIO.
EL PADRE DE LA NOVIA.
LA LUNA.
LA MUERTE (como mendigo).
LEÑADORES.
MOZOS.






ACTO PRIMERO

CUADRO PRIMERO

Habitación pintada de amarillo.


NOVIO.-(Entrando.) Madre.
MADRE.-¿Qué?
NOVIO.-Me voy.
MADRE.-¿Adónde?
NOVIO.-A la viña. (Va a salir.)
MADRE.-Espera.
NOVIO.-¿Quiere algo?
MADRE.-Hijo, el almuerzo.
NOVIO.-Déjelo. Comeré uvas. Deme la navaja.
MADRE.-¿Para qué?
NOVIO.-(Riendo.) Para cortarlas.
MADRE.-(Entre dientes y buscándola.) La navaja, la navaja. .. Malditas sean todas y el bribón que las inventó.
NOVIO.-Vamos a otro asunto.
MADRE.-Y las escopetas y las pistolas y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y los bieldos de la era.
NOVIO.-Bueno.
MADRE.-Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados...
NOVIO.-(Bajando la cabeza) Calle usted.
MADRE.- ... y ese hombre no vuelve. O si vuelve es para ponerle una palma encima o un plato de sal gorda para que no se hinche. No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo a la serpiente dentro del arcón.
NOVIO.-¿Está bueno ya?
MADRE.-Cien años que yo viviera, no hablaría de otra cosa. Primero tu padre; que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.
NOVIO.-(Fuerte.) ¿Vamos a acabar?
MADRE.-No. No vamos a acabar. ¿Me puede alguien traer a tu padre? ¿Y a tu hermano? Y luego el presidio. ¿Qué es el presidio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muertos llenos de hierba, sin hablar , hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios. ..Los matadores, en presidio, frescos, viendo los montes. ..
NOVIO.-¿Es que quiere usted que los mate?
MADRE.-No. ..Si hablo es porque. ..¿Cómo no voy a hablar viéndote salir por esa puerta? Es que no me gusta que lleves navaja. Es que. ..que no quisiera que salieras al campo.
NOVIO.-(Riendo.) ¡Vamos!
MADRE.-Que me gustaría que fueras una mujer. No te irías al arroyo ahora y bordaríamos las dos cenefas y perritos de lana.
NOVIO.-(Coge de un brazo a la MADRE y ríe.) Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas?
MADRE.-¿Qué hace en las viñas una vieja? ¿Me ibas a meter debajo de los pámpanos?
NOVIO.-(Levantándola en sus brazos.) Vieja, revieja, requetevieja.
MADRE.- Tu padre sí que me llevaba. Eso es buena casta. Sangre. Tu abuelo dejó un hijo en cada esquina. Eso me gusta. Los hombres, hombres; el trigo, trigo.
NOVIO.-¿ Y yo, madre?
MADRE.-¿ Tú, qué?
NOVIO. -¿Necesito decírselo otra vez?
MADRE.-(Seria.) ¡Ah!
NOVIO.-¿Es que le hace mal?
MADRE.-No.
NOVIO.-¿Entonces?
MADRE.-No lo sé yo misma. Así, de pronto, siempre me sorprende. Yo sé que la muchacha es buena. ¿Verdad que sí? Modosa. Trabajadora. Amasa su pan y cose sus faldas, y siento sin embargo, cuando la nombro, como si me dieran una pedrada en la frente.
NOVIO.- Tonterías.
MADRE.-Más que tonterías. Es que me quedo sola. Ya no me quedas más que tú y siento que te vayas.

martes, 26 de mayo de 2009

Descarga: "No hay burlas con el amor" de Calderón de la Barca

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Personas que hablan en ella:


· Don ALONSO de Luna, galán
· Don JUAN de Mendoza, galán
· MOSCATEL, gracioso
· Don LUIS, galán
· Don DIEGO, galán
· Don PEDRO Enríquez, viejo y padre de las dos damas
· Doña BEATRIZ, dama
· Doña LEONOR, dama
· INÉS, criada



ACTO PRIMERO


Salen Don ALONSO de Luna y MOSCATEL muy triste


ALONSO: ¡Válgate el diablo! ¿Qué tienes,
que andas todos estos días
con mil necias fantasías?
Ni a tiempo a servirme vienes,
ni a propósito respondes;
y, por errarlo dos veces,
si no te llamo, pareces,
y si te llamo, te escondes.
¿Qué es esto? Dilo.
MOSCATEL: ¡Ay de mí!
Suspiros que el alma debe.
ALONSO: Pues ¿un pícaro se atreve
a suspirar hoy así?
MOSCATEL: Los pícaros ¿no tenemos

alma?
ALONSO: Sí, para sentir,
y con rudeza decir
de su pena los extremos;
mas no para suspirar;
que suspirar es acción
digna de noble pasión.
MOSCATEL: Y ¿quién me puede quitar
la noble pasión a mí?
ALONSO: ¡Qué locuras!
MOSCATEL: ¿Hay, señor,
más noble pasión que amor?
ALONSO: Pudiera decir que sí;
mas, para ahorrar la cuestión
que "no" digo.
MOSCATEL: ¿Que no? Luego,
si yo a tener amor llego,
noble será mi pasión.
ALONSO: ¿Tú, amor?
MOSCATEL: Yo amor.
ALONSO: Bien podía,
si aquí tu locura empieza,
reírme hoy de tu tristeza
más que ayer de tu alegría.
MOSCATEL: Como tú nunca has sabido
qué es estar enamorado;
como siempre has estimado
la libertad que has tenido,
tanto, que en los dulces nombres
de amor fueron tus placeres
burlarte de las mujeres
y reírte de los hombres;
como jamás a ninguna
quisiste, y más te acomodas
a engañar, señor, a todas
que hacer elección de una;
como eres (en el abismo
de amor jugando a dos manos,
potente rey de romanos)
mal vencedor de ti mismo,
de mí te ríes, que estoy
de veras enamorado.
ALONSO: Pues yo no quiero crïado
tan afectüoso. Hoy
de casa te has de ir.
MOSCATEL: Advierte...
ALONSO: No hay para qué advertir.
MOSCATEL: Mira...
ALONSO: ¿Qué querrás decir?
MOSCATEL: Que se ha trocado la suerte
al paso, pues siempre dio
el teatro enamorado
el amo, libre el crïado.
No tengo la culpa yo
de esta mudanza, y así
deja que hoy el mundo vea
esta novedad, y sea

yo el galán, tú el libre.
ALONSO: Aquí
hoy no has de quedar.
MOSCATEL: ¿Tan presto,
que aun de buscar no me das
otro amo tiempo?
ALONSO: No hay más
de irte al instante.
Sale don JUAN
JUAN: ¿Que es esto?
MOSCATEL: Es pagarme mi señor
el tiempo que le he servido
con haberme despedido.
JUAN: ¿Con Moscatel tal rigor?
ALONSO: Es un pícaro, y ha hecho
la mayor bellaquería,
bajeza y alevosía
que cupo en humano pecho,
la más enorme traición
que haber pudo imaginado.
JUAN: ¿Qué ha sido?
ALONSO: ¡Hase enamorado!
Mirad si tengo razón
de darle tan bajo nombre,
pues no hace alevosía,
traición ni bellaquería,
como enamorarse un hombre.
JUAN: Antes pienso que por eso
le debierais estimar,
que diz que es dicha alcanzar,
y yo por tal lo confieso.
¿Crïados enamorados?
Un hombre que se servía
de dos mozos, y los veía
necios y desaliñados,
nada en su enmienda buscaba
como es decirlos a ratos:
"¡Enamoraos, mentecatos!"
que estándolo, imaginaba
que cuerdos fuesen después,
y aliñados; y, en efecto,
¿qué acción, qué pasión, qué
afecto,
decid, si no es amor, es
el que al hombre da valor,
el que le hace liberal,
cuerdo y galán?
ALONSO: ¡Pesia tal!
De los milagros de amor
la comedia me habéis hecho,
que fue un engaño culpable,
pues nadie hizo miserable,
de avaro y cobarde pecho
al hombre, si no es amor.


lunes, 25 de mayo de 2009

Descarga: "El purgatorio de San Patricio" de Calderón de la Barca

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Personas que hablan en ella:



Egerio, rey de Irlanda.
Leogario.
Un Capitán.
Polonia.
Patricio.
Lesbia.
Ludovico.
Philipo.
Paulín, villano.
Locía, villana.
Un hombre embozado.
Un Ángel bueno.
Dos Canónigos Reglares.
Un Ángel malo.
Un viejo, de villano.
Dos villanos.


PRIMERA JORNADA

[CUADRO I]

Salen Egerio, rey de Irlanda, vestido de pieles; Leogario; un Capitán; Polonia y Lesbia, deteniéndole.


REY. Dejadme dar la muerte.
LEOGARIO. Señor, detente.
CAPITÁN . Escucha.
LESBIA. Mira.
POLONIA. Advierte.
REY. Dejad que desde aquella
punta vecina al sol, que de una estrella
corona su tocado,
a las saladas ondas despeñado,
baje quien tantas penas se apercibe:
muera rabiando quien rabiando vive.
LESBIA. ¿Al mar furioso vienes?
POLONIA. Durmiendo estabas; di, señor, ¿qué tienes?
REY. Todo el tormento eterno
de las sedientas furias del infierno,
partos de aquella fiera
de siete cuellos que la cuarta esfera
empaña con su aliento.
En fin, todo su horror y su tormento
en mi pecho se encierra,
que yo mismo a mí mismo me hago guerra
cuando, en brazos del sueño,
vivo cadáver soy; porque él es dueño
de mi vida, de suerte
que vi un pálido amago de la muerte.
POLONIA. ¿Qué soñaste, que tanto te provoca?
REY. ¡Ay, hijas! Atended: que de la boca
de un hermoso mancebo
—aunque mísero esclavo, no me atrevo
a injuriarle, y le alabo—;
al fin, que de la boca de un esclavo
una llama salía,
que en dulces rayos mansamente ardía,
y a las dos os tocaba,
hasta que en vivo fuego os abrasaba.
Yo, en medio de las dos, aunque quería
su furia resistir, ni me ofendía,
ni me tocaba el fuego.
Con esto, pues, desesperado y ciego,
despierto de un abismo,
de un sueño, de un letargo, un parasismo,
tanto mis penas creo,
que me parece que la llama veo,
y, huyendo a cada paso,
ardéis vosotras, pero yo me abraso.
LESBIA. Fantasmas son ligeras
del sueño, que introduce estas quimeras
al alma y al sentido.



Tocan una trompeta.

domingo, 24 de mayo de 2009

Libro encontrado: "La metamorfosis" de Franz Kafka

El 10 de marzo escribí una entrada sobre mi primer BookCrossing. El libro elegido fue "La metamorfosis" de Fran Kafka. Una persona lo encontró y ayer dejó un mensaje en BookCrossing.com sobre esta obra:

(Usuario anónimo)

Me ha parecido muy interesante de leer y no duraré en pasarselo a otra persona para que siga su viaje.

viernes, 22 de mayo de 2009

Descarga: "El médico de su honra" de Calderón de la Barca

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Personas que hablan en ella:


· Don GUTIERRE
· El REY don Pedro
· El infante don ENRIQUE
· Don ARIAS
· Don DIEGO
· COQUÍN, lacayo
· Doña MENCÍA de Acuña
· Doña LEONOR
· JACINTA, una esclava
· INÉS, criada
· TEODORA, criada
· LUDOVICO, sangrador
· Un VIEJO
· SOLDADOS
· MÚSICA



ACTO PRIMERO


Suena ruido de caja, y sale cayendo el infante don ENRIQUE, don ARIAS y don DIEGO, y algo detrás el REY don Pedro, todos de camino

ENRIQUE: ¡Jesús mil veces!
ARIAS: ¡El cielo
te valga!
REY: ¿Qué fue?
ARIAS: Cayó
el caballo, y arrojó
desde él al infante al suelo.
REY: Si las torres de Sevilla
saluda de esa manera,
¡nunca a Sevilla viniera,
nunca dejara a Castilla!
¿Enrique! ¡Hermano!
DIEGO: ¡Señor!
REY: ¿No vuelve?
ARIAS: A un tiempo ha perdido
pulso, color y sentido.
¡Qué desdicha!
DIEGO: ¡Qué dolor!
REY: Llegad a esa quinta bella,
que está del camino al paso,
don Arias, a ver si acaso
recogido un poco en ella,
cobra salud el infante.
Todos os quedad aquí,
y dadme un caballo a mí,
que he de pasar adelante;
que aunque este horror y mancilla
mi rémora pudo ser,
no me quiero detener
hasta llegar a Sevilla.
Allá llegará la nueva
del suceso.

Vase el REY

ARIAS: Esta ocasión
de su fiera condición
ha sido bastante prueba.
¿Quién a un hermano dejara,
tropezando de esta suerte
en los brazos de la muerte?
¡Vive Dios!
DIEGO: Calla, y repara
en que, si oyen las paredes,
los troncos, don Arias, ven,
y nada nos está bien.
ARIAS: Tú, don Diego, llegar puedes
a esa quinta; y di que aquí
el infante mi señor
cayó. Pero no; mejor
será que los dos así
le llevemos donde pueda
descansar.
DIEGO: Has dicho bien.
ARIAS: Viva Enrique, y otro bien
la suerte no me conceda.

Llevan al infante, y sale doña MENCÍA

y JACINTA, esclava herrada
MENCÍA: Desde la torre los vi,
y aunque quien son no podré
distinguir, Jacinta, sé
que una gran desdicha allí
ha sucedido. Venía
un bizarro caballero
en un bruto tan ligero,
que en el viento parecía
un pájaro que volaba;
y es razón que lo presumas,
porque un penacho de plumas
matices al aire daba.
El campo y el sol en ellas
compitieron resplandores;
que el campo le dio sus flores,
y el sol le dio sus estrellas;
porque cambiaban de modo,
y de modo relucían,
que en todo al sol parecían,
y a la primavera en todo.
Corrió, pues, y tropezó
el caballo, de manera
que lo que ave entonces era,
cuando en la tierra cayó
fue rosa; y así en rigor
imitó su lucimiento
en sol, cielo, tierra y viento,
ave, bruto, estrella y flor.
JACINTA: ¡Ay señora! En casa ha entrado...
MENCÍA: ¿Quién?
JACINTA: ...un confuso tropel
de gente.
MENCÍA: ¿Mas que con él
a nuestra quinta han llegado?

Salen don ARIAS y don DIEGO, y sacan al infante don ENRIQUE, y siéntanle en una silla

DIEGO: En las casas de los nobles
tiene tan divino imperio
la sangre del rey, que ha dado
en la vuestra atrevimiento
para entrar de esta manera.
MENCÍA: (¿Qué es esto que miro? ¡Ay cielos!)
Aparte
DIEGO: El infante don Enrique,
hermano del rey don Pedro,
a vuestras puertas cayó.
y llega aquí medio muerto.
MENCÍA: ¡Válgame Dios, qué desdicha!
ARIAS: Decidnos a qué aposento
podrá retirarse, en tanto
que vuelva al primero aliento
su vida. ¿Pero qué miro?
¡Señora!
MENCÍA: ¡Don Arias!
ARIAS: Creo
que es sueño fingido cuanto
estoy escuchando y viendo.
Que el infante don Enrique,
más amante que primero,
vuelva a Sevilla, y te halle
con tan infeliz encuentro,
¿puede ser verdad?


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Auto sacramental alegórico
Título: Andrómeda y Perseo
Autor: Pedro Calderón de la Barca


PERSONAS

ANDRÓMEDA
MEDUSA
GRACIA
CIENCIA
IGNOCIENCIA
VOLUNTAD
FUEGO
AIRE
AGUA
TIERRA
CENTRO
ALBEDRÍO
PERSEO
DEMONIO
MERCURIO



Salen en tropa, cantando y bailando, la GRACIA [y el AGUA] con un espejo; la CIENCIA [y el AIRE] con un airón de plumas; la IGNOCIENCIA [y el FUEGO] con un manto imperial; y la VOLUNTAD [y la TIERRA] con un azafate de frutas y flores; y, detrás, ANDRÓMEDA, como vistiéndose, y el ALBEDRÍO.


MÚSICA Los años floridos
de Andrómeda hermosa,
beldad destos montes,
deidad destas selvas,
ufano los cuente
el mayo con flores,
feliz los señale
el sol con estrellas.
ANDRÓMEDA ¡El espejo!
(Mírase en él, tomándole la GRACIA del elemento del AGUA.)
Peregrina
es en todo mi belleza.
¿Qué, Humana Naturaleza,
te falta para divina?
Los cielos no hicieron, no,
cosa, en todos sus modelos,
más hermosa. Ni aun los cielos
son tan bellos como yo;
pues sus orbes de cristal
obra inanimada han sido
y yo, con alma y sentido,
soy fábrica racional. 20
El Centro, mi padre fue,
de la Tierra; ella es mi madre;
y, aunque por madre y por padre,
humilde nací, no sé
que aje, por más que revuelva
el sol su edad presurosa.
ELLA Y MÚSICA Los años floridos
de Andrómeda hermosa,
deidad de este monte,
beldad de esta selva.
ALBEDRÍO Infanta, idos poco a poco;
que, si altiva a veros llego,
vos tendréis la culpa, y luego
dirán que yo soy el loco;
pues, siendo vuestro Albedrío,
según dicen por ahí,
vos usaréis mal de mí
y vendrá el daño a ser mío.
GRACIA Bien en mi puro cristal,
por ser obsequio que haces
a tu Hacedor, te complaces;
pues siendo la original
Gracia yo, en que te has criado,
cuando en mí viéndote estás,
ningún defecto hallarás.
ALBEDRÍO Sí; mas temed que, manchado,
llegue a eclipsarse su pura
luna y, algún día, veáis
un cadáver cuando vais
a mirar una hermosura.
Temed del tiempo las huellas,
para que vuestros verdores...
ÉL Y MÚSICA ...ufano los cuente
el mayo con flores;
feliz los señale
el sol con estrellas.
ANDRÓMEDA ¡El manto!

(Tómale la IGNOCIENCIA del elemento del FUEGO.)

IGNOCIENCIA Ya su imprudencia
no anunciará tu desgracia,
viendo que al don de la Gracia
se sigue el de la Ignociencia.
Real púrpura, su color,
en jeroglífico, dice
que eres la reina felice
del universo.

(Llega [la VOLUNTAD] con las flores del elemento de la TIERRA.)

VOLUNTAD Mejor
lo dirá la voluntad
con que yo, en flores y en frutos,
reconozco los tributos
que debo a la majestad.

(Llega [la CIENCIA] con las plumas del elemento del AIRE.)

ANDRÓMEDA ¡Las plumas! ¿Tú las traes?
CIENCIA Sí.
La Natural Ciencia soy
y, así, las plumas te doy,
para volar desde aquí,
con las alas de mis plumas,
a la superior esfera.
ALBEDRÍO Volad, pero de manera
que no deis en las espumas.
ANDRÓMEDA En cuatro dotes noté,
si consulto mis alientos,
que están los cuatro elementos
simbolizados. Si fue
el del Agua el cristalino
espejo en que me copió
hoy la Gracia, ya se vio;
y ya se vio, si previno
la Ignociencia la imperial
púrpura, color de Fuego,
que ella es su elemento; luego,
si la Ciencia Natural
plumas me da con que vuele
mi fama, que el Aire es;
y si la Tierra, después,
no hay fruta y flor que no anhele
la Voluntad cultivar
para que me sirva hoy,
¿quién puede dudar que soy
el más perfecto ejemplar
que vio el sol, pues a ver llego
que la Gracia, la Ignociencia,
la Voluntad y la Ciencia
en Agua, Aire, Tierra y Fuego
me asisten, dando al ser mío
cristales, pompas, honores,
ciencias y frutos y flores
a vista de mi Albedrío?

Descarga: "Amado y aborrecido" de Calderón de la Barca

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Personas que hablan en ella:

• DANTE, galán
• AURELIO, galán
• LIDORO, galán
• REY de Chipre
• MALANDRÍN, gracioso
• AMINTA, dama, hermana del rey
• IRENE, dama, infanta de Egnido
• FLORA, dama
• NISE, dama
• LAURA, dama
• CLORI, dama
• DIANA, diosa
• VENUS, diosa
• CRIADO
• MÚSICA
• Acompañamiento




JORNADA PRIMERA


Salen por una parte DANTE, y por otra AURELIO

AURELIO: ¿Dónde queda el rey?
DANTE: Detrás
de esos ribazos le dejo,
en el alcance empeñado
de un jabalí, cuyo riesgo
veloz Aminta su hermana
sigue también.
AURELIO: Según eso,
ocasión será de que
concluyamos nuestro duelo,
con la novedad que está
citado.
DANTE: Para ese efecto
esperando estaba a vista
de este edificio soberbio.
AURELIO: Pues llegad; solos estamos.
DANTE: ¡Ah del soberano centro
donde aprisionada vive
toda la región del fuego!
AURELIO: ¡Ah de la divina esfera
del sol más hermoso y bello
que, a pesar de opuestas nubes,
abrasa con sus reflejos!
DANTE: ¡Ah del alcázar de amor!
AURELIO: ¡Ah del abismo de celos!
DANTE: ¡Patria de la ingratitud!
AURELIO: ¡Monarquía del desprecio!
AURELIO y DANTE: ¡Ah de la torre!
En lo alto salen NISE y FLORA
FLORA y NISE: ¿Quién llama...
NISE: ...tan sin temor...
FLORA: ...tan sin miedo
a estos umbrales?
DANTE: Decid
a vuestro divino dueño...
AURELIO: Decid a la soberana
deidad de ese humano templo...
DANTE: ...que a ese mirador se ponga.
AURELIO: ...que salga a esa almena.
IRENE: ¡Cielos!
¿Quién para tanta osadía
ha tenido atrevimiento?
¿Quién aquí da voces?
AURELIO y DANTE: Yo.
IRENE: Ya con dos causas, no menos
que antes extrañé el oíros,
habré de extrañar el veros,
no tanto porque del rey
atropelléis los decretos,
no tanto porque de mí
aventuréis el respeto,
rompiendo el coto a la línea
de mi espíritu soberbio,
cuanto porque acrisoléis
la ingratitud de mi pecho,
que a par de los dioses juzga
lograr mármoles eternos.
Si de por sí cada uno,
aun en callados afectos
que apenas a estos umbrales
llegaron, cuando volvieron
castigados y no oídos,
examinó mis desprecios,
¿qué hará, unido de los dos,
ahora el atrevimiento?
¿Qué pretendéis? ¿Qué intentáis?
Y ¿con qué efecto, en efecto,
llegáis aquí? ¿Para qué
me dais voces?

AURELIO y DANTE: Para esto.

Sacan las espadas

AURELIO: Que si de ambos ofendida
estás, ambos pretendemos,
con librarte de una ofensa,
ganar un merecimiento.
DANTE: Y porque de su valor
quede el otro satisfecho,
queremos que seas testigo
tú misma de nuestro esfuerzo.
AURELIO: Ya partido el sol está,
pues el sol nos está viendo.
DANTE: Yo, porque no esté partido,
lidiaré por verle entero.

Riñen

IRENE: Tened, tened las espadas;
templad los rayos de acero;
mirad que aun el vencedor
la esgrime contra sí mesmo,
pues no es menor el peligro
de vivir que quedar muerto.

Siguen riñendo

AURELIO: ¡Qué valor!
DANTE: ¡Qué bizarría!
IRENE: Llamad quien de tanto empeño
el riesgo excuse.
NISE: ¡Ah del monte!
FLORA: ¡Cazadores y monteros
del rey!

Dentro

VOZ: De la torre llaman.
Acudid, acudid presto.
AURELIO: ¡Que no acabe con tu vida!
DANTE: ¡Que dures tanto!

Salen el REY y gente

REY: ¿Qué es esto?
AURELIO y DANTE: Nada, señor.
IRENE: (Las almenas Aparte
dejaré. Y pues al rey tengo
tan cerca de mí, han de hablarle
claros hoy mis sentimientos.)


jueves, 21 de mayo de 2009

Descarga: "A secreto agravio, secreta venganza" de Calderón de la Barca

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Personas

EL REY DON SEBASTIAN.
DON LOPE DE ALMEIDA.
DON JUAN DE SILVA.
DON LUIS DE BENAVIDES.
DON BERNARDINO, viejo.
EL DUQUE DE BERGANZA.
DOÑA LEONOR, dama.
SIRENA, criada.
MANRIQUE, criado.
CELIO, criado.
UN BARQUERO.
ACOMPAÑAMIENTO.
SOLDADOS.

La escena es en Lisboa, en las cercanías de Aldea Gallega y en otros
puntos.




Jornada primera



Vista exterior de una quinta del Rey


Escena primera.

EL REY DON SEBASTIAN, DON LOPE DE ALMEIDA,
MANRIQUE, acompañamiento
DON LOPE Otra vez, gran señor, os he pedido
esta licencia, y otra habéis tenido
por bien mi casamiento;
mas yo que siempre, a tanta luz atento,
vivo en vuestro semblante, vengo a daros
cuenta de mi elección, y a suplicaros
que en vuestra gracia pueda
colgar las armas, y que Marte ceda
a Amor la gloria, cuando en paz reciba,
en vez de alto laurel, sagrada oliva.
Yo os he servido, y solamente espero
esta merced por galardón postrero,
pues con esta licencia venturosa
hoy saldré a recibir mi amada esposa.
REY. Yo estimo vuestro gusto y vuestro aumento,
y me alegro de vuestro casamiento;
y a no estar ocupado
en la guerra que en Africa he intentado,
fuera vuestro padrino.
DON LOPE. Eterno dure ese laurel divino
que tus sienes corona.
REY. Estimo en mucho yo vuestra persona.


(Vase el Rey y el acompañamiento.)


Escena II

DON LOPE, MANRIQUE.
MANRIQUE. Contento estás.
DON LOPE. Mal supiera
la dicha y la gloria mía
disimular su alegría
¡Felice yo, si pudiera
volar hoy!
MANRIQUE. Al viento igualas.
DON LOPE. Poco aprovecha; que el viento
es perezoso elemento.
Diérame el amor sus alas,
volara abrasado y ciego;
pues quien al viento se entrega,
olas de viento navega,
y las de amor son de fuego.
MANRIQUE. Para que desengañanne
pueda, creyendo que tienes
causa, dime a lo que vienes
con tanta prisa.
DON LOPE. A casarme.
MANRIQUE. ¿Y no miras que es error,
digno de que al mundo asombre,
que vaya a casarse un hombre
con tanta prisa, señor?
Si hoy, que te vas a casar,
del mismo viento te quejas,
¿qué dejas que hacer, qué dejas


miércoles, 20 de mayo de 2009

Descarga: "El alcalde de Zalamea" de Calderón de la Barca

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EL ALCALDE DE ZALAMEA
Pedro Calderón de la Barca



Personas que hablan en ella:

El REY, don Felipe II
Don LOPE de Figueroa
Don ÁLVARO de Atayde, capitán
Un SARGENTO
SOLDADOS
REBOLLEDO, soldado
La CHISPA, soldadera
Pedro CRESPO, labrador
JUAN, hijo de Pedro Crespo
ISABEL, hija de Pedro Crespo
INÉS, prima de Isabel
Don MENDO, hidalgo gracioso
NUÑO, criado de don Mendo
Un ESCRIBANO
VILLANOS




JORNADA PRIMERA


Salen REBOLLEDO, la CHISPA, y algunos
SOLDADOS



REBOLLEDO: ¿Cuerpo de Cristo con quien
de esta suerte hace marchar
de un lugar a otro lugar
sin dar un refresco!
TODOS: ¡Amén!
REBOLLEDO: ¿Somo gitanos aquí,
para andar de esta manera?
¿Una arrollada bandera
nos ha de llevar tras sí
con una caja...
SOLDADO 1: ¿Ya empiezas?
REBOLLEDO: ...que este rato que calló
nos hizo merced de no
rompernos estas cabezas?
SOLDADO 2: No muestres de eso pesar,
si ha de olvidarse, imagino,
el cansancio del camino
a la entrada del lugar.
REBOLLEDO: ¿A qué entrada, si voy muerto?
Y aunque llegue vivo allá
sabe mi Dios si será
para alojar; pues es cierto
llegar luego al comisario
los alcaldes a decir,
que si es que se pueden ir,
que darán lo necesario.
Responderle lo primero
que es imposible, que viene
la gente muerta; y, si tiene
el concejo algún dinero,
decir, "Señores, soldados,
orden hay que no paremos;
luego al instante marchemos."
Y nosotros, muy menguados,
a obedecer al instante
orden, que es, en caso tal,
para él orden monacal,
y para mi mendicante.
Pues, ¡voto a Dios!, que si llego
esta tarde a Zalamea,
y pasar de allí desea
por diligencia o por ruego,
que ha de ser sin mí la ida;
pues no, con desembarazo
será el primero tornillazo
que habré yo dado en mi vida.
SOLDADO 1: Tampoco será el primero,
que haya la vida costado
a un miserable soldado;
y más hoy, si considero,
que es el cabo de esta gente
don Lope de Figueroa,
que, si tiene tanta loa
de animoso y de valiente
la tiene también de ser
el hombre más desalmado,
jurador y renegado
del mundo, y que sabe hacer
justicia del más amigo,
sin fulminar el proceso.

lunes, 18 de mayo de 2009

Descarga: "La casa de Bernarda Alba" de Federico García Lorca

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Drama de mujeres en los pueblos de España


Personas

BERNARDA, 60 años
MARÍA JOSEFA (madre de Bernarda), 80 años
ANGUSTIAS (hija de Bernarda), 39 años
MAGDALENA (hija de Bernarda), 30 años
AMELIA (hija de Bernarda), 27 años
MARTIRIO (hija de Bernarda), 24 años
ADELA (hija de Bernarda), 20 años
CRIADA, 50 años
LA PONCIA (criada), 60 años
PRUDENCIA, 50 años
MENDIGA
MUJERES DE LUTO
MUJER PRIMERA
MUJER SEGUNDA
MUJER TERCERA
MUJER CUARTA
MUCHACHA

El poeta advierte que estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico.



Acto primero


Habitación blanquísima del interior de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas, o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar las campanas.

(Sale la Criada 1ª)

CRIADA. Ya tengo el doble de esas campanas metido entre las sienes.
LA PONCIA. (Sale comiendo chorizo y pan.) Llevan ya más de dos horas de gori-gori. Han venido curas de todos los pueblos. La iglesia está hermosa. En el primer responso se desmayó la Magdalena.
CRIADA. Ésa es la que se queda más sola.
PONCIA. Era a la única que quería el padre. ¡Ay! Gracias a Dios que estamos solas un poquito. Yo he venido a comer.
CRIADA. ¡Si te viera Bernarda!
PONCIA. ¡Quisiera que ahora, como no come ella, que todas nos muriéramos de hambre! ¡Mandona! ¡Dominanta! ¡Pero se fastidia! Le he abierto la orza de chorizos.
CRIADA. (Con tristeza, ansiosa.) ¿Por qué no me das para mi niña, Poncia?
PONCIA. Entra y llévate también un puñado de garbanzos. ¡Hoy no se dará cuenta!
VOZ. (Dentro.) ¡Bernarda!
PONCIA. La vieja. ¿Está bien encerrada?
CRIADA. Con dos vueltas de llave.
PONCIA. Pero debes poner también la tranca. Tiene unos dedos como cinco ganzúas.
VOZ. ¡Bernarda!
PONCIA. (A voces.) ¡Ya viene! (A la Criada.) Limpia bien todo. Si Bernarda no ve relucientes las cosas me arrancará los pocos pelos que me quedan.
CRIADA. ¡Qué mujer!
PONCIA. Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara. ¡Limpia, limpia ese vidriado!
CRIADA. Sangre en las manos tengo de fregarlo todo.
PONCIA. Ella, la más aseada, ella, la más decente, ella, la más alta. Buen descanso ganó su pobre marido.

(Cesan las campanas.)

CRIADA. ¿Han venido todos sus parientes?
PONCIA. Los de ella. La gente de él la odia. Vinieron a verlo muerto, y le hicieron la cruz.
CRIADA. ¿Hay bastantes sillas?
PONCIA. Sobran. Que se sienten en el suelo. Desde que murió el padre de Bernarda no han vuelto a entrar las gentes bajo estos techos. Ella no quiere que la vean en su dominio. ¡Maldita sea!
CRIADA. Contigo se portó bien.
PONCIA. Treinta años lavando sus sábanas, treinta años comiendo sus sobras, noches en vela cuando tose, días enteros mirando por la rendija para espiar a los vecinos y llevarle el cuento; vida sin secretos una con otra, y sin embargo, ¡maldita sea!, ¡mal dolor de clavo le pinche en los ojos!

miércoles, 13 de mayo de 2009

Descarga: "Adiós, Cordera" de Leopoldo Alas Clarín

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Eran tres: ¡siempre los tres! Rosa, Pinín y la Cordera.

El prao Somonte era un recorte triangular de terciopelo verde tendido, como una colgadura, cuesta abajo por la loma. Uno de sus ángulos, el inferior, lo despuntaba el camino de hierro de Oviedo a Gijón. Un palo del telégrafo, plantado allí como pendón de conquista, con sus jícaras blancas y sus alambres paralelos, a derecha e izquierda, representaba para Rosa y Pinín el ancho mundo desconocido, misterioso, temible, eternamente ignorado. Pinín, después de pensarlo mucho, cuando a fuerza de ver días y días el poste tranquilo, inofensivo, campechano, con ganas, sin duda, de aclimatarse en la aldea y parecerse todo lo posible a un árbol seco, fue atreviéndose con él, llevó la confianza al extremo de abrazarse al leño y trepar hasta cerca de los alambres. Pero nunca llegaba a tocar la porcelana de arriba, que le recordaba las jícaras que había visto en la rectoral de Puao. Al verse tan cerca del misterio sagrado, le acometía un pánico de respeto, y se dejaba resbalar de prisa hasta tropezar con los pies en el césped.

Rosa, menos audaz, pero más enamorada de lo desconocido, se contentaba con arrimar el oído al palo del telégrafo, y minutos, y hasta cuartos de hora, pasaba escuchando los formidables rumores metálicos que el viento arrancaba a las fibras del pino seco en contacto con el alambre. Aquellas vibraciones, a veces intensas como las del diapasón, que, aplicado al oído, parece que quema con su vertiginoso latir, eran para Rosa los papeles que pasaban, las cartas que se escribían por los hilos, el lenguaje incomprensible que lo ignorado hablaba con lo ignorado; ella no tenía curiosidad por entender lo que los de allá, tan lejos, decían a los del otro extremo del mundo. ¿Qué le importaba? Su interés estaba en el ruido por el ruido mismo, por su timbre y su misterio.

La Cordera, mucho más formal que sus compañeros, verdad es que, relativamente, de edad también mucho más madura, se abstenía de toda comunicación con el mundo civilizado. y miraba de lejos el palo del telégrafo como lo que era para ella, efectivamente, como cosa muerta, inútil, que no le servía siquiera para rascarse. Era una vaca que había vivido mucho. Sentada horas y horas, pues, experta en pastos, sabía aprovechar el tiempo, meditaba más que comía, gozaba del placer de vivir en paz, bajo el cielo gris y tranquilo de su tierra, como quien alimenta el alma, que también tienen los brutos; y si no fuera profanación, podría decirse que los pensamientos de la vaca matrona, llena de experiencia, debían de parecerse todo lo posible a las más sosegadas y doctrinales odas de Horacio.

Asistía a los juegos de los pastorcicos encargados de llindarla
1, como una abuela. Si pudiera, se sonreiría al pensar que Rosa y Pinín tenían por misión en el prado cuidar de que ella, la Cordera, no se extralimitase, no se metiese por la vía del ferrocarril ni saltara a la heredad vecina. ¡Qué había de saltar! ¡Qué se había de meter!

Pastar de cuando en cuando, no mucho, cada día menos, pero con atención, sin perder el tiempo en levantar la cabeza por curiosidad necia, escogiendo sin vacilar los mejores bocados, y, después, sentarse sobre el cuarto trasero con delicia, a rumiar la vida, a gozar el deleite del no padecer, del dejarse existir: esto era lo que ella tenía que hacer, y todo lo demás aventuras peligrosas. Ya no recordaba cuándo le había picado la mosca.

martes, 12 de mayo de 2009

Descarga: "A María el corazón" de Pedro Calderón de la Barca

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PERSONAS

EL FUROR. LA GULA.
LA CULPA. LA PEREZA.
LA SOBERBIA. EL PEREGRINO.
LA AVARICIA. EL PENSAMIENTO.
LA LASCIVIA. LAURETA, dama.
LA IRA. EL ÁNGEL.
[ENVIDIA.] [MÚSICA.]



Óyense en el primero carro instrumentos músicos, y mientras se canta dentro la primera copla, sale el FUROR como oyéndola con asombro.

ÁNGEL (Dentro.) Salga del Asia infiel...
MÚSICA [Dentro.] Salga del Asia infiel...
ÁNGEL Esta sagrada fábrica divina...
MÚSICA Esta sagrada fábrica divina...
ÁNGEL Y vaya a Europa, donde...
MÚSICA Y vaya a Europa, donde...
ÁNGEL Más venerada triunfe, reine y viva...
MÚSICA Más venerada triunfe, reine y viva...
ÁNGEL Que no ha de estar cautiva...
MÚSICA Que no ha de estar cautiva...

ÁNGEL En tirano poder la casa de María.
MÚSICA En tirano poder la casa de María.
FUROR «¿Que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María?»
¿Cuándo, Señor, la luminar tarea
del sol madrugará para mí un día
sin que una alba splendor de otra alba sea
en nuevas excelencias de María?
¿Cuándo, elegido empleo de tu idea,
en honra y gloria suya, en pena mía,
una aurora veré que el orbe dora
sin nuevos privilegios de otra aurora?
¿No bastaba que, estrella matutina
del mar, en el instante amaneciera
primero de su ser tan peregrina,
que a fuer de estrella ni una sombra viera,
sino que hoy Nazareth de Palestina
la casa que su oriente fue, a otra esfera
la vea sulcar en alas de querubes,
golfos de vientos, piélagos de nubes,
diciendo, para que más
atormentadas mis iras,
a vista de tanto asombro
suspiren, lloren y giman...
MÚSICA Salga del Asia infiel
esta sagrada fábrica divina.
FUROR Si es porque vitorioso Saladino
el servil yugo vuelve a la garganta
hoy de Jerusalén, y a su destino
obediente otra vez la Tierra Santa
la cerviz dobla, ¿cómo tu divino
poder, de esclavitud, de pena tanta
tu sepulcro no saca, y de su impía
furia saca la casa de María?
Mas, ¡ay!, que como a ti no te ha tocado
ni ha podido tocar, que eres el que eres,
el más lejano viso del pecado,
mostrar, no en ti, sino en tu madre quieres
que casa que te vio Verbo Encarnado
es la que privilegias y prefieres,
como dando a entender si sería empeño
librar la casa y no librar el dueño.
Y si es esta la razón
¿qué me asombra, qué me admira
que de su centro se arranque,
de su asiento se divida?
MÚSICA Y vaya a Europa, donde

más venerada triunfe, reine y viva.
FUROR Y aún no aquí para de portento tanto
la causa, pues se añade a este portento
cuanto de tus apóstoles y cuanto
de tus fieles su culto fue en aumento,
pues de ellos consagrada en templo santo,
ara fue del más alto sacramento
que vio tu fee, pues vio contra el sentido
cautiva la razón por el oído.
¿Qué mucho, pues, que el cielo en ese pobre
de María y Joseph, por Joaquín y Ana
vinculado solar, prodigios obre,
si sobre concepción tan soberana,
sobre tan casto matrimonio y sobre
Encarnación tan altamente humana,
de albergue de Jesús, Joseph, María,
a altar pasó de Sacra Eucaristía?
¿Que en los páramos del viento
elevada, esas festivas,
esas angélicas voces,
una y otra vez repitan...
MÚSICA Que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María.
FUROR Haciendo, porque al tomar
tierra aumente mis fatigas,
que sus cláusulas confusas
vuelvan a decir distintas...
ÁNGEL, MÚSICA Y ÉL Salga del Asia infiel
esta sagrada fábrica divina
y vaya a Europa, donde
más venerada triunfe, reine y viva;
que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María.

lunes, 4 de mayo de 2009

BookCrossing: "Última escapada" de Laura Caldwell


Mañana podréis encontrar este libro en la calle Gran Vía de Madrid cerca de La Casa del Libro de 17 a 21 horas.


Sinopsis:

Las decisiones que Casey Evers ha tomado durante sus veintiséis años de vida no la han hecho feliz. Su trayectoria es tan predecible: instituto, universidad, novio, primer empleo... que empieza a estar harta. De modo que, antes de empezar a trabajar catorce horas diarias en un bufete de Chicago, decide viajar a Roma y Grecia con sus dos mejores amigas para quemar los últimos cartuchos. El problema es que la relación con sus dos mejores amigas se ha enfriado desde que empezó a salir con John dos años antes, que la relación con John no es precisamente para tirar cohetes y que le gustan una barbaridad los hombres mediterráneos...


Sobre la autora:

Última escapada es el debut literario de la escritora y abogada Laura Caldwell. Una incansable viajera, que vive con su marido en la ciudad de Chicago.

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