martes, 26 de mayo de 2009

Descarga: "No hay burlas con el amor" de Calderón de la Barca

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Personas que hablan en ella:


· Don ALONSO de Luna, galán
· Don JUAN de Mendoza, galán
· MOSCATEL, gracioso
· Don LUIS, galán
· Don DIEGO, galán
· Don PEDRO Enríquez, viejo y padre de las dos damas
· Doña BEATRIZ, dama
· Doña LEONOR, dama
· INÉS, criada



ACTO PRIMERO


Salen Don ALONSO de Luna y MOSCATEL muy triste


ALONSO: ¡Válgate el diablo! ¿Qué tienes,
que andas todos estos días
con mil necias fantasías?
Ni a tiempo a servirme vienes,
ni a propósito respondes;
y, por errarlo dos veces,
si no te llamo, pareces,
y si te llamo, te escondes.
¿Qué es esto? Dilo.
MOSCATEL: ¡Ay de mí!
Suspiros que el alma debe.
ALONSO: Pues ¿un pícaro se atreve
a suspirar hoy así?
MOSCATEL: Los pícaros ¿no tenemos

alma?
ALONSO: Sí, para sentir,
y con rudeza decir
de su pena los extremos;
mas no para suspirar;
que suspirar es acción
digna de noble pasión.
MOSCATEL: Y ¿quién me puede quitar
la noble pasión a mí?
ALONSO: ¡Qué locuras!
MOSCATEL: ¿Hay, señor,
más noble pasión que amor?
ALONSO: Pudiera decir que sí;
mas, para ahorrar la cuestión
que "no" digo.
MOSCATEL: ¿Que no? Luego,
si yo a tener amor llego,
noble será mi pasión.
ALONSO: ¿Tú, amor?
MOSCATEL: Yo amor.
ALONSO: Bien podía,
si aquí tu locura empieza,
reírme hoy de tu tristeza
más que ayer de tu alegría.
MOSCATEL: Como tú nunca has sabido
qué es estar enamorado;
como siempre has estimado
la libertad que has tenido,
tanto, que en los dulces nombres
de amor fueron tus placeres
burlarte de las mujeres
y reírte de los hombres;
como jamás a ninguna
quisiste, y más te acomodas
a engañar, señor, a todas
que hacer elección de una;
como eres (en el abismo
de amor jugando a dos manos,
potente rey de romanos)
mal vencedor de ti mismo,
de mí te ríes, que estoy
de veras enamorado.
ALONSO: Pues yo no quiero crïado
tan afectüoso. Hoy
de casa te has de ir.
MOSCATEL: Advierte...
ALONSO: No hay para qué advertir.
MOSCATEL: Mira...
ALONSO: ¿Qué querrás decir?
MOSCATEL: Que se ha trocado la suerte
al paso, pues siempre dio
el teatro enamorado
el amo, libre el crïado.
No tengo la culpa yo
de esta mudanza, y así
deja que hoy el mundo vea
esta novedad, y sea

yo el galán, tú el libre.
ALONSO: Aquí
hoy no has de quedar.
MOSCATEL: ¿Tan presto,
que aun de buscar no me das
otro amo tiempo?
ALONSO: No hay más
de irte al instante.
Sale don JUAN
JUAN: ¿Que es esto?
MOSCATEL: Es pagarme mi señor
el tiempo que le he servido
con haberme despedido.
JUAN: ¿Con Moscatel tal rigor?
ALONSO: Es un pícaro, y ha hecho
la mayor bellaquería,
bajeza y alevosía
que cupo en humano pecho,
la más enorme traición
que haber pudo imaginado.
JUAN: ¿Qué ha sido?
ALONSO: ¡Hase enamorado!
Mirad si tengo razón
de darle tan bajo nombre,
pues no hace alevosía,
traición ni bellaquería,
como enamorarse un hombre.
JUAN: Antes pienso que por eso
le debierais estimar,
que diz que es dicha alcanzar,
y yo por tal lo confieso.
¿Crïados enamorados?
Un hombre que se servía
de dos mozos, y los veía
necios y desaliñados,
nada en su enmienda buscaba
como es decirlos a ratos:
"¡Enamoraos, mentecatos!"
que estándolo, imaginaba
que cuerdos fuesen después,
y aliñados; y, en efecto,
¿qué acción, qué pasión, qué
afecto,
decid, si no es amor, es
el que al hombre da valor,
el que le hace liberal,
cuerdo y galán?
ALONSO: ¡Pesia tal!
De los milagros de amor
la comedia me habéis hecho,
que fue un engaño culpable,
pues nadie hizo miserable,
de avaro y cobarde pecho
al hombre, si no es amor.


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