martes, 17 de noviembre de 2009

Relato ganador del concurso: "Amanecer junto al mar"


Título: Amanecer junto al mar
Autor: Francisco Javier Nova Correyero
Blog: El rincón del ermitano
Calificación: 16 puntos


Amanecer junto al mar

Eran las seis de la mañana, el sol estaba a punto de aparecer y me levanté a escribir un capítulo más de mi novela, “Rosas en el mar”, que narraba la historia de diversas y coloridas flores que pasaban de mano en mano, de musa en musa, de capullo en capullo, de puta en puta, de príncipe en príncipe hasta que todas acababan en el mar.
Todos los personajes fuera su status social el que fuera, ricos, pobres, santos, cabritos, vírgenes o rameras, terminaban arrojándolas a las olas, devolviendo al mar la textura de sus pétalos, su símbolo de amor y también por qué no, sus jodidas espinas.
Entre mal de amores, entre el sol y el influjo de la luna, una quimera....
Sentado ante la mesa de nogal del escritorio, en aquel salón repleto de vidas, de ventanas, de miradores, en donde la solemnidad de unas paredes vacías, pero, cargadas de ilusiones, una alfombra del camellito del zoco y unas butacas que tal diablo pereza me tentaban a la ruina del no hacer nada, así transcurría mi vida bohemia,
tranquila, espiritual, soñadora y sola; irremediablemente alma en soledad.
Un pequeño faro rescatado de algún naufragio iluminaba el porche de entrada, desde allí , como siempre soñé, unas escalerillas bajaban directamente a la playa de una pequeña cala.
Una vez terminado el capítulo y tras tentarme las butacas varias veces, tomé café y salí a relajarme contemplando una vez más un amanecer junto al mar...
Las olas en su vaivén iban empapando la fina arena de la playa, ésta, pequeña pero coqueta, con sus sombrillas de paja, sus hamacas, su chiringuito y varias embarcaciones de vela desafiando al mar, amarradas a un risco en los pies de un pequeño acantilado.
Aquel renacer del sol pariendo siempre me emocionaba, sentado desde el porche imaginaba el triste adiós de los peces de la noche a la luna y el canto de las gaviotas como un canto de bienvenida a la mañana.
El reflejo de astro sobre el azul turquesa de las aguas daba un singular colorido tanto al mar como al cielo fundiéndose en el horizonte rosáceo del infinito.
El silencio era conmovedor, salvo las ya mencionadas gaviotas, la brisa y alguna que otra ola que rompía con ira contra las rocas.
Por un momento el sol parecía duplicarse en el mar, no estaba borracho ni veía doble, era la luna que compartía aún espacio en los días despejados con el sol tanto en mar como en el cielo.
Que dualidad tan maravillosa pensé, mientras, tan rutinaria y pasmosa visión se vio truncada al surgir de entre las aguas unos maravillosos cabellos rizados, parecieron emerger de entre la nada, del vacío del paisaje; y bajo ellos, un extraordinario cuerpo de mujer.
Me refregué bien los ojos, cada vez echan más cafeína al puto café, pensé, ó quizás le aderecen con algo más fuerte, no puede ser... quizás anduviera aún dormido...
Pero tras unos segundos de incredulidad y de asombro, alcé la vista y allí seguía ella, acercándose misteriosamente como por una cortina de niebla ocultando sus pies, deslizándose más que posando sus finos pies sobre la arena, estaba desnuda, OH dios, estaba totalmente desnuda y aunque no era lo más importante ahora, me extrañó que no dejara huellas sus pisadas sobre la playa, fuere como fuere, era real, no sé de donde había salido, pero estaba allí, tan real como sus redondeados hombros, sus largos y delicados brazos, su bronceada piel y su pecho firme y terso desafiando la gravedad desde donde unas gotas tal cual rocío mañanero de unos pétalos de rosa colgaban de sus rosados senos, sus pechos eran el biberón perfecto, el manjar más exquisito, la miel gritando tómame al asno que la observaba boquiabierto.
Traté de balbucear algo pero aquel rostro angelical de fina nariz, negros y rasgados ojos negros y aterciopelados labios me sedujeron de inmediato.
Mis ojos se perdían en el contornear de sus caderas al caminar, su tímido ombligo y sus muslos bien formados tal diosa del mar renaciendo, me recordaban a la dama del lago de la famosa escalibar, pero no era una película...
Seguía sentado en el porche y antes de que sus pies se posaran junto a la escalinata de mi casa, qué digo casa, altar de Zeus, despertando mi fantasía, la sugerí entrar, la hablé como quién todavía cree estar en la cama soñando con su ninfa, sin esperar respuesta, no la hubo, pero sus pasos siguieron a los míos.
Encendí unos troncos de chopo que guardaba para encender la hoguera, la ofrecí café, ella seguía en silencio y pese a tener la piel como escamas por el frío, sus ojos no se inmutaban, trataba de mirarla fijamente, pero sus ojos blancos como un fantasma, como una sonámbula, me turbaban, más cuando aparecían nubes y estrellas en sus iris, era sobrehumano, era extraordinaria y delicadamente bella.
No probó el café, la envolví con una toalla, debía estar arrecia, fría y desnuda, la mañana era fría pero mi cuerpo cada vez estaba más caliente, pensé que podía ser una sonámbula de alguna casa vecina que dios sabe cómo había ido a parar a mi choca, mi altar, mi ...
Pero diásporas, no había tiempo para pensar eso ahora, um de nuevo balbuceé algo, no quieres café? Arrópate, cogerás frío?
Pero sus pasos siguieron rectos y decididos hacía mi habitación, la toalla cayó tras de sí, parecía sonámbula, zombi, fantasmagórica, pero con las posaderas aún húmedas, que preciosidad de glúteos,
Cielo santo, ha entrado en la estancia, en mi alcoba, no sabía si era lo apropiado, recordaría algo si se despertaba? En todo caso, dicen que lo mejor es no despertar a las personas en ese estado, en este caso, la seguiré, la seguiré, pero la respetaré, debo ser un caballero, mira que si despierta en cualquier momento...
Así es que cual aroma seduciéndome, una mezcla entre agua marina y ascuas ardiendo, la seguí hasta mi cama, mi cama? Mi nido de ninfas, calma, sé bueno, me decía...
Estaba sentada en la cama, sus ojos por donde no dejaban de pasar estrellas y galaxias me envolvían, me seducían, no sé como, mis labios de repente, besaban sus párpados, cuya mirada me había hipnotizado, bajé por detrás de sus orejas recorriéndola con mi lengua, sus mejillas..., su cuello, su nuca...
Uuff! y ahora sí, por fin, sus labios...
Santo cielo, nos envolvimos las lenguas y algo más, sí pude sentir el blanco más absoluto de paz, de bienestar mientras mi lengua jugueteaba con la suya, seguí lentamente descendiendo, buscando los más ocultos rincones donde el amor se eterniza, se alarga...
No había prisa..., son demasiadas fuentes de erotismo las que posee una mujer como para no dedicarles el tiempo debido a cada una de ellas...
Cumplí mi sueño de lamer su biberón, también me detuve en su ombligo y acaricié y me regocijé melosamente en la entrada al peligroso y profano averno, cueva donde se peca y se nace...
Su cuerpo se sacudía en temblores y gemidos y temí que despertara, si es que era sonámbula? Y si despertaba..., me pregunté?
-“¿Quién eres tú?
- ¿ No sé y tú? Pero te recuerdo que eres tú la que has venido hasta a mí casa y te has metido en mi cama...”
En todo caso esto no había ocurrido, porque ahora ella quién me recorría por todo el cuerpo con sus carnosos labios y su húmeda y enternecedora lengua, parecía extasiada, el sentimiento era mutuo.
Pese a desearlo con todas mis ansias, no quería que acabara aquella abrumadora mañana de besos y ternura que nos tenía pasionalmente poseídos, pero me miró fijamente y sin palabras, supe que era el momento, entonces la tomé, poseyéndola como el sol se había juntado con la luna en el cielo y en el mar y nos movimos y nos balanceamos como olas..
Ahora éramos los dos en uno, tal ángel ambiguo, la perfección del amor, las gaviotas, la mañana, las nubes, las estrellas y por fin,
uff, uff por fin la más grande Súper Nova estalló en sus ojos y fuegos artificiales debieron reflejarse en los míos, claro, yo era más humano, más Ulises... seducido por las sirenas...
Gracias Diosa por este amanecer junto a la playa.
-Pero cielos! ¿Donde está?
Salí desesperado hacía el porche desesperado por hablarla, saber cómo se llamaba al menos, tropecé con la toalla que ella se había despojado, bajé, ya en el porche, las escalerillas, desnudo, como Dios me trajo al mundo, no doy más detalles porque yo soy un simple mortal y estropearía tan bonita epopeya, pero ella;
quién era ella?
-¿Quién eres?, Gritaba desaforado mientras ella se sumergía...
Por favor, quién eres? -
Repetía mientras ella seguía sumergiéndose...

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- Selene -contestó-
Fue lo único que logré arrancar de aquellos labios salvo aquellos gemidos como lenguaje de delfines, sonó como un eco ...
- Selene y por cada espermatozoide que hoy has derramado nacerán miles de estrellas...
Selene, diosa griega de la luna se ocultó en las profundidades, miré a mi alrededor, el camarero estaba abriendo el tenderete y me miraba perplejo, también lo hacía el chico que alquilaba las hamacas, los veleros salían a pescar, las gaviotas revoloteaban alrededor, la luna se ocultó, el sol brilló, una ola rompió contra las rocas y una niña tiró una rosa al mar mientras su mamá la tapaba los ojos...
Cielos! aún seguía desnudo en el porche, aquella madre me devolvió a la realidad, pero nada de ella, nunca más supe nada de ella.
Fue la más hermosa forma de ocultarse la noche, que recuerdo, la despedida de la luna dando paso al sol, al alba... a un nuevo amanecer junto al mar.




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