martes, 3 de agosto de 2010

Mujer trabajadora y madre (II)

No sólo de trabajo vive la mujer - El bolso amarillo
Hace unos meses leí No sólo de trabajo vive la mujer de Elizabeth Perle McKenna. El libro fue publicado hace poco más de diez años y da una visión de la mujer en el mundo laboral que en algunas empresas sigue siendo vigente. Os recomiendo este libro, especialmente a las mujeres porque creo que os puede ayudar tanto si sois trabajadores como estudiantes.

Si ya habéis leído Todo tiene un precio de Neus Arqués, no os podéis perder este libro de no ficción ya que explica la realidad de los años 90. ¿Ha cambiado la realidad o sigue igual?


La incorporación de la mujer al mundo laboral supuso un doble esfuerzo para ella: por una parte tenía que trabajar y competir con los hombres y por otra parte continuar con su vida privada que la obligaba a casarse, cuidar de su marido y de sus hijos. La mujer de esos años aspiraba a tener éxito en el trabajo y en casa. Sin embargo, la definición de éxito era diferente a lo que podemos pensar en la actualidad. El mero hecho de preguntárnos qué es éxito ya nos diferencia. Pero para esa mujer que nació cerca de los años 60, que estaba convencida de que podría con todo lo que se propusiese se iba a dar cuenta de que vivía en un periodo de transición.


Éxito en el trabajo

La mujer deseaba triunfar. Para ello, debía trabajar y hacer horas extra, ir subiendo de posición y seguir trabajando y haciendo horas extra. ¿Que ser quería casar? Vale. ¿Que debe salir antes (a su hora indicada) para llevar al niño al médico? Eso ya no es tan bueno. La mujer baja de categoría si antepone la familia al trabajo. Y ya no va a ser una mujer exitosa.

En el capítulo Cuando el trabajo se convierte en identidad hay un epígrafe muy llamativo, Las reglas tácitas del éxito que explica el doble filo en el que se hallaba la mujer.

Regla 1: El trabajo es lo primero y está antes que todas las cuestiones familiares o personales.
Regla 2: Es necesario dedicar muchas horas. Si su jefe lo necesita y usted no está allí, pronto comenzará a necesitar a otro que sí está disponible.
Regla 3: Reclame su mérito en todo lo que salga bien, no importa lo tangencial que sea el papel que haya desempeñado y escape de lo que salió mal.
Regla 4: En su vida hay sólo una carrera y sólo un camino. Si se sale de él, le irá mal.
Regla 5: Se refiere a la jerarquía. Su trabajo consiste en hacer que su jefe quede bien, y el de su jefe, hacer lo mismo con su superior.
Regla 6: La meta es llegar lo más cerca de la cima que sea posible. No hay un tope para lo que uno puede desear alcanzar.
Hay una última regla, reservada para las mujeres: Trabaje con los hombres, bromee con los hombres, pero nunca se transforme en un hombre.

Por desgracia, estas reglas se mantienen implícitas en diversas empresas que bajo un látigo invisible azota a sus trabajadores. Es como di te dijeran: “Si no haces horas extra ya puedes ir buscándote otro trabajo”; “Si no agachas la cabeza, no te preocupes, que ya encontraremos a otra persona que sea más dócil que tú”; “¿Crees que tu sueldo tendría que ser más elevado? Estamos en época de crisis y tienes que hacer el trabajo de 2 ó 3 personas por el precio de media, es lo que hay”.


Éxito en la vida

¿Qué le pasó a aquella mujer que nació en los años 60? Pues muchas se perdieron en el camino. Tuvieron que reiniciar su vida y priorizar sus valores. Cambiaron la definición de éxito y prefirieron ganar menos dinero, tener menos responsabilidades laborales para poder dedicar más tiempo a su familia y amigos. Además, cambiaron las reglas tácitas por un trabajo en el que predominaba el respeto hacia el trabajador:

Para la generación que hoy dirige los negocios, (principios de los años 90) cambiar de las reglas tácitas a un trabajo basado en los valores representa una amenaza para el control que ellos ejerce. En realidad, es un tremendo cambio en el equilibrio de poder, y el problema es quién va a controlar el trabajo. Este cambio ya se está produciendo. Es un producto inadvertido de las reconversiones. Estamos viendo en todo el mundo la proliferación de lo que Peter Drucker llama “trabajadores del conocimiento”, que somos los que llevamos con nosotros el conocimiento de un lugar a otro y que no estamos atados a los valores de una corporación. Si una empresa no puede controlar a los trabajadores a través del temor a la inseguridad o la falta de ascensos, pierde la dirección. El control pasa a nosotros. Cuando eso ocurre, podemos comenzar a fijar los términos: equilibrio, dignidad y reconocimiento.

¿Cuál fue la nueva definición de éxito para la autora?

Igual que mi padre, quiero lo mejor para mi hijo, este joven del siglo veintiuno. Espero que los cambios que estamos empezando a hacer en la cultura del trabajo le faciliten una vida próspera en sus verdaderos términos. Es el camino a la felicidad más seguro que conozco. Al transformar nuestro presente podemos dar a nuestros hijos el regalo de un futuro mejor. Ésa es para mí la verdadera medida de una vida llena de éxito y profunda.


© Crisfusterber

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